La celebración de los Premios Soberano 2026, el evento más importante del arte y el entretenimiento en la República Dominicana, dejó este año un sabor agridulce. Más allá de los aplausos, los galardones y los momentos memorables sobre el escenario, hubo una realidad incómoda que no se puede ignorar: el maltrato sistemático a la prensa.

Los periodistas, fotógrafos y comunicadores que cada año cubren la alfombra roja y la ceremonia fueron, una vez más, relegados a un segundo plano. Limitaciones excesivas, desorganización logística, trato poco respetuoso y restricciones injustificadas marcaron la experiencia de quienes, paradójicamente, son los encargados de amplificar y dar vida mediática al evento.

Es contradictorio que una premiación que vive de la exposición pública, del ruido mediático y de la cobertura en tiempo real, termine obstaculizando el trabajo de quienes hacen posible esa visibilidad. Sin prensa, los Asociación de Cronistas de Arte no tendrían el mismo alcance ni impacto. Sin cámaras, sin entrevistas, sin crónicas, el brillo de la gala se apaga más rápido de lo que dura un aplauso.

Lo ocurrido este año no es un hecho aislado, sino la repetición de una práctica que parece normalizarse. La falta de condiciones dignas para la cobertura, los accesos restringidos sin criterios claros y la escasa consideración hacia los profesionales de la comunicación reflejan una desconexión preocupante entre la organización del evento y uno de sus pilares fundamentales.

La prensa no es un invitado incómodo. Es parte integral del ecosistema cultural. Es memoria, es crítica, es difusión. Es, en muchos casos, el puente entre el artista y el público. Tratarla como un obstáculo en lugar de un aliado no solo es un error estratégico, sino también una falta de respeto institucional.

Este llamado no busca empañar el éxito de la premiación ni restar mérito a los artistas galardonados. Al contrario, pretende fortalecer un evento que pertenece a todos los dominicanos. Porque si algo debe caracterizar a los Premios Soberano es la excelencia, y esa excelencia también debe reflejarse en el trato hacia la prensa.

Es momento de revisar protocolos, escuchar a los gremios periodísticos y establecer condiciones claras, justas y dignas para la cobertura. Porque cuando se silencia o se limita a la prensa, no solo pierde el periodista: pierde el país.

La alfombra roja no es solo para desfilar, también es para contar historias. Y este año, lamentablemente, muchas de esas historias se quedaron sin ser contadas.

Rafael Padilla

By Rafael Padilla

Comunicador, Periodista y Relacionista Publico. @rafaelpadillatv 829-554-0997