La crisis global golpea la economía dominicana, pero el debate se centra en cómo se distribuyen las cargas entre el Estado y la ciudadanía.
Santo Domingo.– En medio del impacto global de la guerra en Irán, el discurso del presidente Luis Abinader ha puesto sobre la mesa una realidad incómoda: habrá sacrificios económicos para enfrentar la crisis. Sin embargo, la pregunta clave no es si serán inevitables, sino quién asumirá el mayor peso.
El mandatario reconoció que el conflicto internacional ya está afectando variables clave como el precio del petróleo, lo que inevitablemente se traduce en presiones sobre la economía dominicana.
Medidas necesarias, pero insuficientes
El Gobierno ha planteado una estrategia basada en tres pilares: estabilidad macroeconómica, protección a los sectores vulnerables y continuidad de la inversión pública. A esto se suman subsidios a fertilizantes, el mantenimiento del GLP sin alzas y el fortalecimiento de programas sociales.
Estas acciones buscan amortiguar el impacto externo, pero no eliminan el problema de fondo: el encarecimiento global de la energía y los bienes básicos.
El costo llega al ciudadano
Aunque una parte de la población recibe protección estatal, otra comienza a sentir directamente el ajuste en su bolsillo. El aumento de los combustibles, el transporte y los alimentos se perfila como una consecuencia inevitable del conflicto internacional.
En ese contexto, el propio presidente ha sido claro al advertir que los sacrificios serán “inevitables”, aunque aseguró que no serán desproporcionados.
El debate de fondo
La columna plantea un punto central: más allá de las medidas, el verdadero debate es la distribución del sacrificio.
¿Está el Estado absorbiendo la mayor parte del impacto o lo está trasladando progresivamente a la población?
El cuestionamiento surge porque, mientras se anuncian subsidios y ayudas, también se anticipan alzas que afectarán directamente a los ciudadanos, generando una percepción de desequilibrio.
Un reto de equidad
El desafío para las autoridades no es solo manejar la crisis económica, sino hacerlo de manera equitativa.
La credibilidad de las medidas dependerá de que los sacrificios sean compartidos de forma justa entre el Gobierno, el sector privado y la ciudadanía, evitando que el peso recaiga desproporcionadamente en los sectores más vulnerables.
Un escenario inevitable, pero discutible
La guerra en Irán ha creado un escenario económico adverso que ningún país puede evitar por completo. Sin embargo, la forma en que se distribuyen sus efectos sí está sujeta a decisiones políticas.
En ese sentido, la pregunta que queda abierta —y que marca el tono del debate nacional— es clara: los sacrificios pueden ser inevitables, pero ¿para quién?