La creciente tensión en el conflicto del Medio Oriente no solo sacude la geopolítica global, sino que también plantea serios desafíos para economías como la de la República Dominicana, obligando al país a replantear su estrategia interna ante un escenario de incertidumbre.

La advertencia es clara: lo que ocurre a miles de kilómetros no es un problema ajeno. Sus efectos impactarán directamente en variables sensibles como el precio de los combustibles, el costo de los alimentos y, en consecuencia, la estabilidad social del país.

En ese contexto, el presidente Luis Abinader ha impulsado la idea de un pacto nacional que involucre a los principales sectores políticos, económicos y sociales, con el objetivo de construir una respuesta conjunta frente a la crisis.

Más que una reacción, una oportunidad

El análisis plantea que este llamado no debe verse solo como una reacción coyuntural, sino como una oportunidad para estructurar una respuesta sólida y coordinada. La clave no está únicamente en convocar al diálogo, sino en definir con claridad los objetivos y garantizar que las decisiones sean compartidas.

En momentos de alta incertidumbre, el liderazgo se mide tanto por las acciones como por las señales que se envían. Abrir espacios de concertación representa un reconocimiento de que ningún actor puede enfrentar por sí solo los efectos de una crisis global.

Jugar con “la mejor alineación”

La columna utiliza una analogía deportiva para ilustrar el enfoque que debería asumir el país: así como en el Clásico Mundial de Béisbol se selecciona el mejor talento sin importar procedencia, la República Dominicana debe integrar a los técnicos más capacitados y a los sectores más representativos para enfrentar el desafío.

Esto implica dejar de lado intereses políticos o protagonismos individuales y apostar por una verdadera corresponsabilidad nacional, donde se distribuyan tanto los costos como los beneficios de las decisiones adoptadas.

Riesgos políticos y sociales

Sin embargo, el panorama no está exento de riesgos. La cercanía del calendario electoral podría dificultar la construcción de consensos, especialmente si prevalecen intereses partidarios sobre el bienestar colectivo.

Además, la percepción ciudadana jugará un papel clave. Una gestión basada en la improvisación o mensajes contradictorios podría erosionar la confianza y amplificar los efectos negativos de la crisis.

La confianza como factor clave

Más allá de las medidas económicas, el verdadero reto radica en construir confianza. Esta no se impone, sino que se gana mediante transparencia, coherencia y resultados tangibles.

En ese sentido, el llamado a un pacto nacional puede convertirse en una herramienta estratégica si se maneja con apertura y compromiso real de todos los sectores.

La crisis internacional es inevitable, pero su impacto en la República Dominicana dependerá, en gran medida, de su capacidad para actuar como un solo país y tomar decisiones con visión de futuro.